La última vez que no sabíamos que era la última vez
Las últimas veces rara vez se anuncian. La mayoría de las despedidas definitivas no parecen despedidas. No tienen música de fondo, no anuncian su tremenda importancia ni llegan acompañadas de ninguna señal en el cielo que nos prepare para lo que viene. No hay un aviso que nos diga que una puerta se va a cerrar para siempre. Por eso casi nunca reconocemos las últimas veces cuando están ocurriendo frente a nuestros ojos. La última conversación trivial con alguien en la cocina. La última visita a la casa de la infancia antes de que la vendan o quede vacía. La última llamada telefónica para hablar de nada en particular. La última vez que escuchamos una risa o una voz que creíamos permanente, una voz que formaba parte del paisaje cotidiano de nuestra vida. Solo después, cuando el tiempo ya hizo su trabajo y la distancia se vuelve definitiva, miramos hacia atrás y entendemos el verdadero peso de lo que ocurrió. Y es entonces cuando aparece esa pregunt...