Algunas historias sobreviven a quienes las contaron
Somos los traductores del pasado. Hay historias que parecen mucho más resistentes y duraderas que las propias personas. Sobreviven al paso implacable de las décadas. Sobreviven a quienes las vivieron en carne propia, a quienes las escucharon por primera vez con asombro y a quienes las repitieron con paciencia durante años frente al calor de un café o antes de dormir. Siguen viajando de una boca a otra, de una generación a la siguiente, como si hubieran encontrado una voluntad y una forma propia de permanecer en este mundo. Muchas veces, con el correr del tiempo, olvidamos quién contó una historia por primera vez. Perdemos el rastro en el árbol genealógico. Recordamos el relato con total claridad, pero ya no el rostro de quien lo originó. Retenemos la anécdota, pero el tono de la voz original se ha desvanecido. El acontecimiento sigue intacto, aunque la persona que lo custodió y lo salvó del olvido durante décadas ya no esté para reclamarlo. Y, sin emba...