No se supera la ausencia: se aprende a vivir con ella

 

Hay una idea equivocada sobre el duelo: que tiene una meta.

Que un día “termina”.

No termina.

Se transforma.

La ausencia se vuelve parte del paisaje.
Ya no ocupa todo, pero nunca desaparece.

Vivir con ella no es resignarse.
Es integrar.

Como quien aprende a caminar con una carga que ya no pesa igual, pero que sigue ahí.

No todo necesita cerrarse.
Algunas pérdidas solo necesitan espacio.

Y aprender a darle ese espacio
también es una forma de cuidado.

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